Gestion en Recursos Humanos

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Liderazgo y gestión del desempeño: cómo desarrollar equipos de alto rendimiento

Liderazgo y Gestión del Desempeño

Escrito por

Editor Seo

Publicado el

05 de julio, 2022

La gestión del desempeño no es una tarea que Recursos Humanos pueda ejecutar de manera aislada. Aunque esta área diseña el proceso, establece criterios y administra las herramientas, son las jefaturas quienes convierten los objetivos organizacionales en prioridades concretas para cada equipo.

Un liderazgo efectivo debe explicar qué se espera, acompañar el avance, entregar retroalimentación y facilitar los recursos necesarios para mejorar. Por esta razón, la gestión del desempeño no debería limitarse a completar una evaluación una vez al año.

El CIPD plantea que las personas necesitan comprender sus objetivos y contar con las capacidades, motivación, herramientas y apoyo necesarios para alcanzarlos. La responsabilidad de facilitar esas condiciones corresponde tanto a las jefaturas como a los profesionales de gestión de personas.

¿Qué relación existe entre liderazgo y desempeño?

El liderazgo influye directamente en la manera en que las personas interpretan sus responsabilidades, organizan sus prioridades y enfrentan las dificultades.

Una jefatura participa en decisiones como:

  • Definir objetivos.
  • Distribuir tareas.
  • Entregar instrucciones.
  • Resolver obstáculos.
  • Reconocer contribuciones.
  • Identificar necesidades de capacitación.
  • Evaluar resultados.
  • Acordar planes de mejora.
  • Claros.
  • Medibles.
  • Alcanzables.
  • Relevantes.
  • Asociados a un plazo.
  • Coherentes con las funciones del cargo.
  • Qué debe conseguir.
  • Cómo se medirá.
  • Qué recursos tendrá disponibles.
  • Qué decisiones puede tomar de manera autónoma.
  • Cuándo se revisará el avance.
  • Qué ocurre si cambian las prioridades.
  • Avance de los objetivos.
  • Obstáculos.
  • Cambios de prioridad.
  • Carga de trabajo.
  • Necesidades de apoyo.
  • Resultados recientes.
  • Compromisos pendientes.
  • Qué situación observó.
  • Qué conducta se produjo.
  • Qué impacto generó.
  • Qué comportamiento se espera.
  • Qué apoyo estará disponible.
  • Cuándo se revisará el avance.
  • Objetivos acordados.
  • Avances.
  • Retroalimentaciones.
  • Reconocimientos.
  • Capacitaciones.
  • Nuevas responsabilidades.
  • Planes de mejora.
  • Compromisos y fechas.
  • Resultados de evaluaciones anteriores.
  • Capacitación.
  • Mentoría.
  • Nuevos desafíos.
  • Ajuste de objetivos.
  • Mayor acompañamiento.
  • Movilidad interna.
  • Planes de sucesión.
  • Reconocimiento.
  • Planes formales de mejora.
  • Diseñar el ciclo de desempeño.
  • Definir escalas y competencias.
  • Capacitar a los evaluadores.
  • Revisar la calidad de los objetivos.
  • Facilitar instancias de calibración.
  • Analizar resultados generales.
  • Identificar brechas de formación.
  • Monitorear el cumplimiento de los planes.
  • Evaluar la percepción de las personas.
  • Evaluar solamente una vez al año.
  • Definir objetivos ambiguos.
  • Cambiar prioridades sin actualizar las metas.
  • Entregar retroalimentación únicamente cuando existe un problema.
  • Basar la calificación en acontecimientos recientes.
  • Confundir presencia con desempeño.
  • Registrar observaciones sin conversarlas.
  • No capacitar a las jefaturas.
  • Utilizar escalas diferentes entre áreas.
  • Medir sin crear planes de acción.
  • Convertir la evaluación en una herramienta disciplinaria.
  • No reconocer los resultados positivos.

Por eso, una evaluación bien diseñada puede perder valor cuando el líder no conversa con su equipo, modifica constantemente las prioridades o califica el desempeño sin evidencia suficiente.

Gestionar el desempeño significa acompañar todo el ciclo de trabajo y no solamente emitir una calificación al finalizar el período. Las evaluaciones formales continúan siendo útiles, pero deben complementarse con conversaciones frecuentes y seguimiento.

1. Definir objetivos y expectativas claras

La primera responsabilidad del líder es explicar qué resultados se esperan y cómo se relacionan con las prioridades de la organización.

Los objetivos deberían ser:

  • Claros.
  • Medibles.
  • Alcanzables.
  • Relevantes.
  • Asociados a un plazo.
  • Coherentes con las funciones del cargo.
  • Qué debe conseguir.
  • Cómo se medirá.
  • Qué recursos tendrá disponibles.
  • Qué decisiones puede tomar de manera autónoma.
  • Cuándo se revisará el avance.
  • Qué ocurre si cambian las prioridades.

También es importante definir las competencias o conductas que serán observadas, como colaboración, orientación al cliente, liderazgo, planificación o capacidad de adaptación.

Antes de iniciar el período, cada persona debería comprender:

Los objetivos no deberían quedar estáticos cuando el negocio cambia. El líder debe revisarlos y actualizar los acuerdos para evitar evaluar a una persona según condiciones que dejaron de ser aplicables.

2. Mantener conversaciones frecuentes

Esperar hasta la evaluación anual puede provocar que los problemas se detecten demasiado tarde.

Las reuniones de seguimiento permiten revisar:

  • Avance de los objetivos.
  • Obstáculos.
  • Cambios de prioridad.
  • Carga de trabajo.
  • Necesidades de apoyo.
  • Resultados recientes.
  • Compromisos pendientes.

Estas conversaciones pueden realizarse mensual, bimensual o trimestralmente, dependiendo del cargo y del ritmo de la operación.

No necesitan transformarse en reuniones extensas. Un check-in breve puede ser suficiente cuando tiene un propósito claro y termina con acuerdos concretos.

La retroalimentación genera más valor cuando es oportuna, auténtica y entrega orientación que ayuda a la persona a aprender y desarrollar mejor su trabajo. Gallup también destaca que combinar la retroalimentación frecuente con reconocimiento fortalece su impacto.

3. Entregar retroalimentación basada en evidencia

La retroalimentación debe referirse a hechos, resultados y conductas observables.

En lugar de decir “necesitas mejorar tu actitud”, el líder puede explicar:

  • Qué situación observó.
  • Qué conducta se produjo.
  • Qué impacto generó.
  • Qué comportamiento se espera.
  • Qué apoyo estará disponible.
  • Cuándo se revisará el avance.

También deben reconocerse los resultados positivos. El reconocimiento es más útil cuando es específico, oportuno y explica por qué la contribución fue valiosa.

Por ejemplo, en lugar de entregar una felicitación genérica, puede señalarse que una persona anticipó un problema, coordinó a distintas áreas y permitió cumplir un plazo importante.

El reconocimiento no debería depender de favoritismos ni concentrarse siempre en los logros más visibles. Debe utilizar criterios consistentes y considerar aportes como la colaboración, la mejora de procesos y el apoyo al equipo.

4. Registrar avances sin crear una herramienta disciplinaria

Mantener un historial de objetivos, conversaciones y acuerdos ayuda a dar continuidad al proceso, especialmente cuando cambia una jefatura o una persona asume nuevas responsabilidades.

Sin embargo, este registro no debería presentarse como una “hoja de vida” destinada a acumular errores o antecedentes negativos.

Un historial de desarrollo puede incluir:

  • Objetivos acordados.
  • Avances.
  • Retroalimentaciones.
  • Reconocimientos.
  • Capacitaciones.
  • Nuevas responsabilidades.
  • Planes de mejora.
  • Compromisos y fechas.
  • Resultados de evaluaciones anteriores.

El acceso debe limitarse a las personas autorizadas y la información debe utilizarse para las finalidades previamente definidas.

Una plataforma digital facilita la trazabilidad, pero no reemplaza la conversación. Registrar una observación en un sistema sin explicarla directamente al colaborador no constituye una gestión adecuada del desempeño.

5. Convertir los resultados en desarrollo

La evaluación debe conducir a decisiones concretas.

Según los resultados, pueden definirse acciones como:

  • Capacitación.
  • Mentoría.
  • Nuevos desafíos.
  • Ajuste de objetivos.
  • Mayor acompañamiento.
  • Movilidad interna.
  • Planes de sucesión.
  • Reconocimiento.
  • Planes formales de mejora.

Cuando existe un desempeño insuficiente, el plan debe establecer expectativas claras, acciones, responsables, apoyo, plazos y fechas de seguimiento.

Cuando el desempeño es positivo, la empresa también debe identificar oportunidades de crecimiento. Evaluar solamente para corregir debilidades puede transmitir que el proceso tiene un carácter punitivo.

El rol de Recursos Humanos

Recursos Humanos debe entregar a las jefaturas una estructura que facilite decisiones consistentes.

Sus responsabilidades pueden incluir:

  • Diseñar el ciclo de desempeño.
  • Definir escalas y competencias.
  • Capacitar a los evaluadores.
  • Revisar la calidad de los objetivos.
  • Facilitar instancias de calibración.
  • Analizar resultados generales.
  • Identificar brechas de formación.
  • Monitorear el cumplimiento de los planes.
  • Evaluar la percepción de las personas.

Las jefaturas necesitan preparación para sostener conversaciones difíciles, escuchar, entregar retroalimentación y gestionar planes de desarrollo. La calidad de la relación entre líderes y equipos es un elemento central para aplicar correctamente las políticas de personas.

Errores frecuentes

Entre los principales errores se encuentran:

  • Evaluar solamente una vez al año.
  • Definir objetivos ambiguos.
  • Cambiar prioridades sin actualizar las metas.
  • Entregar retroalimentación únicamente cuando existe un problema.
  • Basar la calificación en acontecimientos recientes.
  • Confundir presencia con desempeño.
  • Registrar observaciones sin conversarlas.
  • No capacitar a las jefaturas.
  • Utilizar escalas diferentes entre áreas.
  • Medir sin crear planes de acción.
  • Convertir la evaluación en una herramienta disciplinaria.
  • No reconocer los resultados positivos.

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